miércoles, 23 de noviembre de 2016

Cuando todo el mundo te da la espalda y tienes que seguir por este camino sola...

sábado, 10 de septiembre de 2016

Sufre

Después de tanto tiempo, por fin me había decidido a cumplir mi plan y a sellar mi venganza de una vez por todas.

El individuo al que buscaba sabía que se encontraba en el lugar que deseaba el día 24 de Febrero a las 01:34 a.m. Llegó la hora. No podía dejar pasar ni un momento más.

Llegada la hora esperada me dirigí al lugar donde se encontraba mi víctima, aquel cerdo me hizo demasiado daño para que siguiera con su vida.

Allí estaba. Parecía que estaba esperando a alguien, pero estaba solo, con lo cual las cosas estaban saliendo a pedir de boca. Me acerqué con mucho sigilo, él no se percató de mi presencia. Me fui acercando poco a poco... me coloqué detrás de él y con un saco y un movimiento rápido se lo puse en la cabeza.

El individuo se resistía y pataleaba, quería escapar pero no lo consiguió. Le até de pies y manos y acabó en el maletero de mi coche.

Me fui a toda prisa de allí. Conducía deprisa y llegué al acantilado más lejano de la playa. La noche estaba impregnada por un dulce olor a la sal del mar y el cielo se encontraba lleno de nubes, la luna tenía una densa capa de nube que hacía que pasara desapercibida en el firmamento. Hacía una bonita noche para que aquel cabrón pagase por todo el daño causado.

Abrí el maletero, él se encontraba en posición fetal y se encontraba bastante nervioso. Con un palo empecé a golpearle fuertemente. El muy cerdo se retorcía como un gusano en aquel estrecho maletero. Paré por no adelantarme al resto de acontecimientos, así que, cerré de nuevo el maletero y seguí rumbo a mi destino y, sobre todo, al suyo.

Llegamos a la vieja casa abandonada de unos parientes lejanos de mi familia. Una casa en mitad del bosque, medio derrumbada en algunas estancias y llena de enredaderas y plantas secas. Un escenario perfecto.

Pero la estancia que me interesaba de aquella casa perdida y destrozada por los años, era el desván. Nadie se imaginaba lo que iba a suceder allí; ni aquel gusano asqueroso tampoco...

Abrí el maletero, le saqué de allí y le trasladé al desván; su nuevo hogar durante unas horas, unas horas que se le iban a hacer eternas.

Le senté en una mugrienta silla y le quité el saco de la cabeza. Me miró atónito. Estaba confuso y a la vez, nervioso; pero aún así no sabía que hacer y ni mucho menos dijo palabra alguna. Mejor, mucho mejor así.

Mi venganza comenzó...

Cogí un látigo y empecé a golpearle por todo el cuerpo. Las heridas surgieron rápidamente en su piel. Se retorcía de dolor. Dejé el látigo y me abalancé a coger la sal y el limón que tenía preparados para sus heridas... le restregué el limón por cada una de las heridas producidas por el látigo. No dejaba de dar alaridos por el escozor estremecedor que recorría uno por uno cada trozo de su piel asquerosa. Pero más alaridos daba cuando le eché la sal encima de las heridas cubiertas de limón.

Nadie se imaginaba lo que me divertía ver aquella escena y sobre todo, ser partícipe de ella.

Acto seguido, cogí sus muñecas y con una cuchilla les hice un par de cortes no muy profundos y en horizontal para que no muriera.

Se me escapó una risa bastante sonora; pero más sonora sonó entre el eco cuando le eché una olla de agua hirviendo por todo el cuerpo; el muy infeliz cayó de la silla haciendo que se retorciera bruscamente como la sucia sabandija que era. No pude evitar no sonreír. 

Tampoco se esperaba la buena sesión de acupuntura que le di. La piel se volvía más blanda con cada aguja que le penetraba en la piel. Hilos de sangre brotaban recorriendo su espalda.

Aquello era una dulce fiesta de venganza. De mi venganza.

Después, con la sangre que había en el suelo, me mojé los dedos y le pinté una diana en la espalda. Me había quedado estupenda y lista para usarse. Cogí unos dardos que había en una mesa mugrienta y me dispuse a echar una partida. Me apetecía. Qué gran satisfacción sentía con cada dardo atravesándole la piel y cada vez, la sangre de su espalda era más abundante.

Aquel maldito hijo de puta, no podía quejarse, pues incluso, le coroné como a un rey... con una bonita corona que le hice con alambre de espino. Toda su cara se cubrió con sangre y mi sed de venganza creció más con cada brote nuevo.

Por unos momentos, creí que el "pobre" tenía ganas de ir al baño; así que, lo llevé hasta él. En un sucio váter que había preparado, le metí la cabeza un buen rato, así la sangre se le aclaraba un poco de la cara; lo hacía por su propio bien. Además, con mis New Rock, le pisoteé la cabeza contra el váter, haciendo que la que se retorciera ahora fuese yo... pero del placer de hacerle sufrir.

De nuevo, llegó a mis manos el palo con el que le había pegado en el acantilado, y volví a pegarle esta vez con más fuerza que antes. Le pegué en los tobillos hasta destrozarlos por completo y lo mismo hice con sus rodillas.

Lo más excitante fue cuando le partí una botella de cristal en el muslo, estallando miles de cristalitos y quedando la mayoría incrustados en su piel. Me gustaba como se retorcía.

Por un rato, fui a buscar mi mejor tortura. Cuando volví, ese cerdo asqueroso empezó a gritar, pues ya había visto lo que traía entre mis manos. Era un pequeño tarro con unas cuantas arañas, mis amigas. Le levanté sus sucios calzoncillos y mis pequeñas amiguitas acabaron en su entrepierna. La sabandija no pudo evitar llorar.

Mientras sollozaba, no pude evitar coger vísceras de vaca y metérselas en la boca. No aguantaba sus putos lloriqueos, me enfermaban.

Pero él ya no iba a llorar más, su tortura había acabado. Abrí la puerta del desván para que se fuera y le quité las cuerdas de pies y manos. Le ordené que se fuera, no quería verle más. Intentó salvarse, cuando apenas se puso en pie, le pegué un tiro en la cabeza. Fue su final.

Le di una patada al cadáver que yacía en el suelo, le bajé los calzoncillos y con un buen cuchillo le corté el pene a ese sucio endriago. Metí el miembro en un tarro y se lo mandé a una persona muy especial con una pequeña nota: Esto es lo que te queda de aquellas noches que lo tenías entre tus piernas, zorra.

Mi venganza había concluido...






"Sufre" es uno de los relatos de Tic... Tac... Escritos De Una Mente Inquieta. https://www.wattpad.com/user/ElyAngelOfDeath

viernes, 9 de septiembre de 2016

Otra etapa

Otra etapa cierro y otra se abre ante mí, no se que me depara pero he de avanzar y ya no mirar nunca más atrás. Siento como mis cadenas se destruyen y me dejan seguir adelante, eso es algo positivo, pero aún así, no puedo evitar sentir dolor... o tristeza... o quizás los dos a la vez... no lo sé... pero si que tengo claro que lo que siento es miedo. Sí, miedo, es estúpido sentirlo a estas alturas ya, pero es algo inevitable, todos los sentimientos lo son, ¿no? En fin, poco más puedo decir ahora, no sé como sentirme, nunca lo sé y siempre me siento así de estúpida, supongo que es algo con lo he de vivir siempre, sintiéndome de esta forma. Es incómodo, pero poco puede decir una persona que lo ha perdido todo en la vida. Y mucho menos si esa persona soy yo.

jueves, 30 de junio de 2016

Perder a un gran amor

En cierta forma, perder a un gran amor es como asistir al funeral de uno mismo. Una parte nuestra se ha ido, pero su ausencia a menudo reclama un largo tributo de nostalgia, es decir, de íntima sabiduría.

martes, 21 de junio de 2016

Noches

Pues aquí estoy, en la oscuridad de la noche... es ya casi medianoche y apenas hay un ánima en estas anchas calles.
La soledad de mi habitación me arropa bajo esta hermosa luna, sólo se escuchan los árboles moverse por la agradable brisa de verano. Esa brisa que reconforta hasta el alma más perdida.
Son noches de silencio y melancolía...